Todo objeto arquitectónico
establece un diálogo formal con el paisaje
en el que se inserta, lo que implica
una reflexión sobre las características
propias de la arquitectura y su
correlato en el medio físico: geometría,
dimensiones, materialidad, color, sirven a menudo como
punto de partida y fuente de inspiración
para desatar el proceso creativo
que acompaña a una obra.
La percepción de la arquitectura entendida
como un objeto construido
ubicado en un entorno se rige por la
Ley de Fondo-figura. Este principio es
básico para la percepción del espacio
y fue estudiado en profundidad tanto
por Rudolf Arnheim como por el psicólogo
danés Egar Rubin (1886-1951).
Debido a que nuestra percepción es binaria,
tenemos tendencia a percibir las
geometrías de los objetos como figuras
recortadas sobre superficies circundantes
e ilimitadas que se perciben
como fondo. En la percepción de la
realidad reconocemos no sólo dos niveles
de profundidad sino una sucesión
de niveles que configuran un esquema
de distribución complejo y organizado.
Rubin identifica
un cierto número de factores característicos
que facilitan el que una forma
sea percibida como figura en lugar de
fondo: su menor tamaño respecto al
fondo, su contorno cerrado, su mayor
textura, su posición inferior en la composición,
la simplicidad de su forma y
su simetría, la convexidad frente a la
concavidad y por supuesto el color.
Como en todo la arquitectura tiene un incicio y eso depende de cada autor puede surguir de diversas maneras pero por lo general todo los arquitectos pensamos en el contexto para que logre encajar lo mejor posible nuetro edificio.
Juan Serra. (2010). LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA Y EL COLOR DEL PAISAJE: ENTRE EL MIMETISMO Y LA SINGULARIDAD.. Revista de EGA, vol. 16, p106-115. 10p..
Aguilar, Rodrigo. (2006). MATERIAS Y ENVOLVENTES: REVISIONES PARA ALGUNAS ARQUITECTURAS CONTEMPORÁNEAS. Arquitecturas del Sur, Vol.32, p50-55. 6p..
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